El Día de quien desapareció por luchar

Un decreto con la firma de la ONU y la OEA, dictaminó en 2006 que cada 30 de agosto, el mundo conmemore el día internacional del detenido-desaparecido. En honor a les más de 40 arrebatados de nuestro Pueblo, las palabras del vindicador memorioso: Jorge Meza.

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«Con el objetivo de aportar al fortalecimiento de la conciencia mundial sobre la persistencia de la práctica de la desaparición forzada de personas por parte de los Estados, catalogada como crimen de lesa humanidad», las Naciones Unidas (ONU), en convenio con la Organización de los Estados Americanos (OEA), decretó que el mundo debía conmemorar cada 30 de agosto como el Día Internacional del Detenido Desaparecido.

La fecha fue aprobada por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (CDH) en la ciudad de Ginebra, en Suiza, el 29 de junio de 2006.

En este marco, se aprobó el proyecto de Convención internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas, gracias a la iniciativa de la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos – Desaparecidos (FEDEFAM).

La Argentina adhirió a la conmemoración tras adoptarle en la ley 26.298 de 2007, en la que el país también se adhirió a la mencionada convención.

Habían pasado tres años de aquella jornada en que Néstor Kirchner bajó los cuadros genocidas del Colegio Militar. Incluyendo el de aquél que instaurara el Terror más profundo el 24 de marzo de 1976, y aportara en 1979 su propia definición acerca del desaparecido, cuando ya se había cobrado más de 30 mil a lo largo de la Dictadura más cruenta padecida por la Argentina: «son una incógnita, no tienen entidad, no están ni vivos ni muertos».

Y sin embargo, ahora y siempre, son un símbolo. Un pañuelo blanco, una silueta, un rostro sobre una pancarta, una canción, una bandera. En las calles, en las barriadas militadas, en los hogares que ofrendaron esperanza y sembraron lucha.

Elegimos conmemorar a cada uno de esos miles, pero en particular, a quienes desaparecieron en Azul por construir cotidianamente esa otra Argentina equitativa y soberana posible. Para homenajearles, hacemos propias y proponemos circulen las palabras que a elles dedicara un imprescindible de la Memoria, la Verdad y la Justicia en nuestros pagos como Jorge Meza, en su carta abierta a la Dictadura y la sociedad complice en Azul:

«La herida sigue sangrando en cada paso, en cada dolor que no se ha ido, en cada letra que estalla, en la brutalidad de la palabra “desaparecidos”.

Caminaron nuestras calles y pisaron las baldosas flojas de nuestras veredas con su militancia y contagiar de esperanza el horizonte.

Llenaron de bullicio las aulas y los patios de nuestros colegios brindando, en muchos casos, testimonios de compromiso y estudio.

Dejaron en las fábricas y en sus lugares de trabajo el sentidor cotidiano rechazando la injusticia.

Respiraron el perfurme de la primavera en el parque, pisaron descalzos las arenas calientes del verano en el balnerio.

Caminaron por la costanera, en un paseo ribereño cargado de puentes peatonales que han cedido al tiempo.

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Jugaron al futbol en las viejas canchas del barrio y bailaron al compas de la música de un boliche nocturno que albergaban sus romances.

Se enamoraron de un amor que trascendía a la pareja humana. Muchos de ellos tuvieron hijos sembrando el mañana con algo de sus latidos y miradas.

Disfrutaron en nuestros cines de continuiado, peliculas que señalaban caminos. Y descubrieron en las venas de la ciudad el latir de sus heridas reflejadas en las barriadas curtidas de la historia. Compartieron mates, comidas, fiestas y descansos.

Fueron hijos, padres, hermanos, amigos, quienes supieron en la cotidianidad del encuentro de su compromiso con un mundo distinto, más humano. Y allí quedaron hunto a os nombres y lugaron que siempre los traen a caminar nuevamente de donde nunca se fueron.

Aquí están, Presentes en cada recuerdo que triunfda sobre la amnesia social. En cada acto que emerge victorioso del terro generalizado. Pedazos de un horror en las noches encedidas.

Fueron vecinos nuestros, con esas miradas profundas, inconformes ante el andar cotidiano y cansino de su ciudad.

Un poder disciplinario y asesino los secuestró de la vida, les impidió continuar sembrando de primaveras el atardecer.

El tiempo, ese tirano que nunca se detiene, parece borrarlo todo.

Y sin embargo, emergen en los gestos de quienes rescatan su aliento en la construcción de una sociedad más justa.

Porque, como diría Miguel Bonasso: ´No se puede construir una genuina convivencia democrática sobre cimientos de inequidad y vergüenza´.

(Fragmento del libro «La Noche Azul», del docente, escritor, ex preso político y emprendedor memorioso, Jorge Meza)

Ilustración de Martín «Zinclair» Meza
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