FanAzul: ante las promesas inconclusas, huelga y resistencia

Omar Menchaca, fabriquero histórico, anunció que habrá huelga de hambre si antes de noviembre no se restituyen a les trabajadores desempleades.

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«Avisamos y no traicionamos: si para fin de octubre no entra el o la ultim@ fabriquer@, con un grupo de compañeros nos vamos a encadenar en la tranquera de la entrada de FanAzul, y en ese mismo momento comenzaremos una huelga de hambre«. Quien expresa el contundente ultimatum en su Facebook es Omar Menchaca, una referencia fabriquera omnipresente que, aunque jubilado tras décadas de servicio, continúa encarnando la lucha contra las promesas de reintegro inconclusas hacia 70 compañeres. «Mencho» es claro cuando añade que «la están pasando muy mal, porque desde que les despidieron no consiguen trabajar». «Ahora no hay otra alternativa», ilustra, «porque primero hay que considerar a los que no tienen nada», y por eso le darán al Ministerio de Defensa «un mes para que se considere esto y mucho más», o las cadenas en la entrada serán otro ícono de resistencia fabriquera. 

De la pueblada al cultivo de cannabis: cómo se llega a la huelga

253 trabajadores sostenían FanAzul hasta el 29 de diciembre de 2017, cuando 230 de elles fueron separades de sus puestos de trabajo por una decisión de cierre del Gobierno macrista, aduciendo que la Fábrica implicaba irreparables pérdidas económicas para la Provincia y el País.

A partir de entonces comienza una resistencia que atravesó cortes de ruta y de via, y que tuvo por hito la pueblada del 28 de diciembre de 2018, aquella donde un micrófono abierto amplificó, para todo el país, la marcha de miles de azuleñes unidos por la causa fabriquera. A la postre de los cientos de despidos antes mencionados, en los inicios de 2019 Mauricio Macri decretó la transformación de la Dirección General de Fabricaciones Militares, entidad que funciona en la órbita del Ministerio de Defensa, en Fabricaciones Militares Sociedad del Estado. La medida cosechó el repudio de les trabajadores, al entender que abría la puerta a una privatización total de la entidad, y alejaba su reapertura efectiva.

«En aquel momento era tomar la fábrica y (un grueso de les trabajadores) no quisieron», evoca «Mencho» en su Facebook al soslayar por qué no se procedió a una huelga sino al acampe en la fachada Municipal que persistió hasta mediados del año pasado. Por esa fecha, precisamente el 18 de junio, la dirigente de ATE Provincia Vanina Zurita anunciaba «como un paso fundamental hacia la recuperación» la designación del ingeniero Oscar Espinosa como Director de FanAzul, puesto que ostentara hasta el momento del cierre con 30 años como fabriquero en su espalda.

Al respecto, Espinosa declaró por julio de 2020, que «el gobierno anterior, o los directivos de Fabricaciones Militares anteriores, creyeron que podían quitar la identidad de una empresa desmantelándola de la forma en la que lo hicieron y tirando un par de letras, lo cual afectó desde lo psíquico pero que jamás podría afectar el poder de su gente». Y sentenciaría: «yo lo dije muchísimas veces durante estos 30 años: el mejor potencial que tenía FANAZUL era su gente, y lo sigue siendo todavía». Si bien aclaraba que «todos los días nos encontramos con alguna novedad desalentadora, porque la fábrica se desmanteló con la idea de que nunca más se volviese a producir», ponía énfasis en estar  «trabajando muy fuerte en los proyectos de reactivación», aunque considerara una imprudencia hablar de tiempos ante «una ansiedad muy grande, sobre todo en aquellas personas que aún hoy siguen sin trabajo». El avance de la pandemia era para Espinosa un «impedimento importante», en la medida que imposibilitaba «avanzar en auditorías y en algunos requerimientos técnicos que necesitamos que vengan del AMBA».

En ese trunco panorama, la sanción de la Ley 27.350, y el proyecto del Ejecutivo para regular la cadena de producción y comercialización del cannabis, sus semillas y productos derivados para uso fabril y/o medicinal, abrieron un frente impensado para la reactivación de FanAzul: reacondicionar una parte de sus instalaciones de cara al cultivo y producción de la planta, algo que  el propio Agustín Rossi – Ministro de Defensa de la Nación – había adelantado en una entrevista publicada por Canal Abierto en julio de 2020.

El proyecto en sí dispuso objetivos concretos de cara a una primera fase piloto y un posterior plan de producción. También cuáles serían los espacios físicos a destinar para cada instancia del proceso, los tiempos y magnitudes por etapas. La viabilidad se cierra, desde el punto de vista agrícola, en cuanto la zona que concentra la Fábrica cuenta con capacidad instalada, maquinaria agrícola y conocimiento para todos los procesos desde el manejo de campo hasta su cosecha. Pero lo cierto es que todavía resta el visto bueno, la consecuente asignación de recursos y el avance de convenios específicos con organismos como la ANMAT o la Red Nacional de Laboratorios de medicamentos.

A la espera de que se destrabe ese horizonte, 23 de 70 fabriqueres desempleades es el número de restituciones registrados durante 2021. De ahí que se imponga en las asambleas y los debates colectivos, la posibilidad deslizada por Menchaca de una huelga que visibilice y traccione la demanda arrastrada desde 2017. Método que según comentó públicamente contaría con «la logística y ayuda a cargo de una organización social». Un escenario que desea ver desarticulado por la restitución efectiva, promesa asumida por el  Ministro Rossi y el actual oficialismo nacional durante la campaña electoral de 2019. Pero que, en caso de persistir como inconclusa, en torno a la tranquera que hace 75 años vio nacer uno de los bastiones productivos del distrito, «Mencho» vislumbra el procedimiento con tanta claridad como pesadumbre: «armaremos las carpas, y cortaremos intermitentemente la ruta 80, porqué llegarán de 130 a 150 compañer@s a hacernos el aguante».

 

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De los orígenes, el auge y el ocaso macrista 

Contando en su mejor momento con 14.500 trabajadores, divididos en 17 fábricas y establecimientos, además de la sede central, Fabricaciones Militares conformó, desde 1947, gran parte de las áreas más importantes del país en metalúrgica, mecánica, química y extractiva minera, contado además con participación accionaria en relevantes sociedades mixtas.

La Dirección General de la Empresa Estatal Fabricaciones Militares (DGFM) estaba conformada como un organismo autárquico, por fuera del Tesoro Nacional, y hasta el año 1980 gozaba de una privilegiada posición. A partir de allí, los acontecimientos políticos y económicos de nuestro país degradaron el rumbo de esta dirección y de sus trabajadores. Es así como llegó el año 2000, tras dos décadas de políticas neoliberales con un tinte fuertemente privatista que afectó al Estado nacional. En ese período se cerraron o privatizaron la mayoría de los establecimientos, quedando finalmente sólo 5 fábricas y la sede central.

En 2009 el Ministerio de Planificación Federal impulsó la creación de “Fabricaciones Militares Sociedad del Estado”, que significó la posibilidad de relanzar la producción nacional vinculada a la Defensa.

Por aquellos años, 253 trabajadores sostenían la Fábrica local que relucía todas las normas de calidad certificadas, como las ISO 9001 y las OSHAS 18001 (que son las de seguridad y salud ocupacional). Asimismo le destacaba una mención a un premio nacional a la calidad, a raíz de la versatilidad de los puestos de trabajo de riesgo y además en el programa de seguridad laboral. Prueba de ello eran las 2960 horas de capacitación en total del personal en un año, elevándola al nivel de las industrias más riesgosas existentes, aunque vinculada con los grandes especialistas a nivel internacional en el tema explosivos. La última prueba del crecimiento de FanAzul por entonces se exhibía en la capacitación de más de 800 agentes de las fuerzas armadas y de seguridad, bomberos, policía aeroportuaria, no solamente de Argentina sino también de países extranjeros.

El viento mermaría a partir de 2015, cuando Senadores sancionó la ley que quitó la figura de “Sujeta a privatización”, en lo que parecía un salvaguarda frente al fantasma privatista que subsistía desde los 90’. 4 años más tarde, ese espectro comenzó a corporizarse con la transformación de la Dirección General de Fabricaciones Militares en Fabricaciones Militares Sociedad del Estado.  Aunque en rigor, horrorizaba desde diciembre de 2017 con los centenares de telegramas de despido que surcaron sus dependencias en el país. 

Espinoza supo definirlo ilustrativamente un año más tarde, al recuperar su puesto como Director de FanAzul: «Hay muchas cosas que se hacían en FANAZUL y por ahí lo que se ha tratado de instaurar en la sociedad es que era un centro de militantes, lo cual nunca fue así y estuvo muy lejos de serlo (…) El desmantelamiento de una empresa de este tipo no demanda un tiempo menor a tres años, acá y en cualquier parte del mundo, y con técnicos especializados. Acá se hizo un desmantelamiento en un par de meses y con saña… evidentemente fue con mucha saña en algunos lugares».

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